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XXII Encuentro de las Letras Pampeanas

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Material de base Nº4

 Ponencia a la XVII Conferencia de la Asociación Argentina de Musicología y XIII Jornadas Argentinas de Musicología “Límites, fragmentación y convergencias disciplinares en musicología”
La Plata, 17 al 22 de agosto de 2006.

                        “Comarca de guitarras” y “Poetas nochernícolas”. Estilo musical y fronteras simbólicas en torno al folklore pampeano.


Ana María Romaniuk


Introducción

“Comarca de guitarras” y “Poetas nochernícolas ” son los títulos de dos canciones compuestas por Cacho Arenas, musicalizaciones de un poema de Edgar Morisoli y Juan Carlos Bustriazo Ortiz respectivamente. Guitarras y poetas representan dos componentes significativos dentro de la constitución de la idea de música de La Pampa.
El objetivo de este escrito es reflexionar sobre algunas características musicales inherentes a un determinado repertorio musical, y a los modos de construir significados a partir de las estrategias discursivas elaboradas en torno al mismo. Producida básicamente en la ciudad de Santa Rosa, se designa “música pampeana” “cancionero” o “folklore pampeano”, a la música representativa, a nivel simbólico, de la provincia. Como formas musicales pueden enumerarse cuecas, huellas, triunfos, milongas, estilos, zambas; como instrumento acompañante por excelencia, la guitarra; y como marca particular el hecho de que los textos son en gran parte poesías de autores pampeanos, o que abordan temáticas relacionadas a la región.
La recreación de una práctica originalmente proveniente de ámbitos rurales se produce a partir de la articulación entre lo “folklórico” (auténtico y atemporal) con lo contemporáneo, mediatizado por la producción urbana. La ciudad de Santa Rosa, capital política y administrativa de la provincia, cuenta con poco más de 100.000 habitantes, y aglutina aproximadamente el 33% de la totalidad de la población provincial. Ciudad pequeña, o pueblo grande, es el centro de irradiación y de convergencia cultural de la región. Alberga, reproduce y recrea músicas de las más variadas procedencias, que interactúan, negocian y resignifican entre sí.
La determinación de utilizar el término “folklore” en este trabajo resulta de la denominación más frecuente que aplican los actores sociales con quienes se ha trabajado, y porque esta denominación dentro del plano musical se ha ido corriendo de designar a una música que cumpliera con determinadas características (local, anónima, popular, de transmisión oral), a designar un tipo particular de producto musical inspirado en ese estereotipo, pero recreado en contextos urbanos, e integrado en mayor o menor medida al circuito de la industria musical. Lo que el “folklore” no ha perdido es su carácter simbólico de representatividad. En este sentido lo folklórico será abordado desde el concepto de género, (López Cano, 2002) considerado como sistema de referencia, como un modo de establecer características ante un modelo que alberga variaciones, y que se redimensiona constantemente ante la actividad musical. La eficacia de la selección de elementos estructurales, tímbricos, textuales hacen que la frontera establecida desde el discurso de lo pampeano, como auténtico, válido, se asocie a determinadas formas/fórmulas musicales definibles tanto desde sus elementos sonoros como desde la postura ideológica que lo sustenta.

El corpus utilizado para escribir este trabajo proviene de fuentes obtenidas durante los años 2005 y 2006 en diversos viajes realizados a la ciudad de Santa Rosa, y que comprenden básicamente entrevistas en profundidad realizadas a diferentes actores sociales relacionados con el repertorio, y el acceso a la música producida, interpretada, o difundida por ellos.


Oposiciones que definen

La consolidación hacia la década del 70 del cancionero regional, proceso comenzado una veintena de años antes, puede ser relacionado con algunos sucesos que marcaron la historia de los pampeanos: la provincialización del territorio en el año 1951, y la necesidad de comenzar la búsqueda de elementos en los que reconocerse, por ejemplo, a partir de una música y una poesía de producción local. Si bien este detalle político no aparece referido en las entrevistas, es la época estimativa en que se considera su gestación.

“El cancionero pampeano se inicia hace 50 años, con poetas y músicos que quisieron hacer una cosa distinta a la que estaba en ese momento vigente. En ese momento no había canciones locales con las cuales “competir” por decirlo así, sino que se competía con todo el folklore que llegaba desde otras partes del país. (Cacho Arenas).


La aparición de una expresión musical “local” surge en oposición a un repertorio que aparecía como el folklore musical representativo de la nación y que invadía la totalidad de espacios musicales existentes en ese momento.

“Empezamos a enfrentarnos con quienes seguían haciendo ese repertorio que llega de otra parte y además alentados con la idea de que esos a quienes copian están impuestos desde los medios, y copian el mercado. (Cacho Arenas).

Como estrategia discursiva que legitima esta forma de expresión, además de apelar a los valores aludidos, se recurre a la desvalorización de la música que se amolda a los requerimientos mediáticos para subsistir. El acomodarse a estos requisitos implica de alguna manera la “traición” a los principios de autenticidad erigidos en la caracterización de la música pampeana:

“Hoy en día el tema de la música es muy comercial. Cuando salí “Mención” en Cosquín me ofrecieron grabar en un sello, pero me tenía que cambiar el nombre, la forma de vestir, el repertorio ni hablar… muy linda voz, pero por qué no cantás otra cosa”. (Laura Paturlane, intérprete vocal)

El deseo de lograr una producción de calidad, que no responda a los intereses mediáticos, trae aparejada la consecuencia de que el público no llega a ser significativo.
“Es más fácil lograr la masividad del público haciendo palmas que sentándote a escuchar” (F. Camiletti)
La legitimidad es reconocida como fruto del trabajo y del compromiso durante el proceso creativo, y de la pretensión de obtener como resultado una obra de calidad. El no estar supeditados a los caprichos del mercado, de un sello o productor permite amplia libertad para la creación.
“nosotros cuando hacemos algo lo hacemos porque deseamos hacerlo, nos tomamos el tiempo que hace falta y ponemos todo lo mejor que tenemos”(Yacomuzzi, 2005)

O a través de la defensa de lo que se consideran agravios en perjuicio de la música pampeana, como el hecho de que a esta música se la percibe como aburrida:
“Lamentablemente la gente piensa que es aburrida. Es una pena que la gente de acá no la valore, acá te piden que hagás una chacarera” (Laura Paturlane)

“Y bueno yo nunca me propuse divertir a nadie con mi música, así que no me preocupa, no? (Roberto Yacomuzzi, poeta y músico)

Si bien las diferencias originales entre quienes adhieren o no con este cancionero aparecerían superadas, y las anécdotas que se cuentan de sus comienzos son relatadas en el marco de una sonrisa, es suficiente un comentario que opere como disparador de un enfrentamiento no del todo resuelto por lo menos en el plano simbólico.
“Yo no le pido a otros músicos que hagan lo que yo hago. No, eso es una actitud prepotente. Yo lo que digo es que los invito a que muestren lo que harían en pro de una música propia” (Yacomuzzi)

La emergencia de un “nosotros”, en palabras de Lalo Molina: “los que estamos comprometidos con la música de nuestra región” en oposición a “la mucha gente que vive copiando lo que hace el otro de al lado” (Yacomuzzi), desde una producción que “no apela a golpes bajos, ni a efectismos, ni a explotar en forma sentimentaloide (sic) algunas cosas que si utilizan otras expresiones musicales”(Urquiza) condensan la intención de ubicar tanto a la música como a sus actores en un plano de valoración diferenciado de autenticidad.

“Somos La Pampa”: fronteras simbólicas de una expresión musical

La decisión de adoptar una determinada manera de hacer música, excede la mera creación de estructuras sonoras. Se busca establecer un lazo simbólico, en donde lo que “nosotros” somos y producimos, pueda reconocerse en la producción de una música “verdaderamente de La Pampa”.
Desde los aspectos musicales hay ciertos “ritmos” que son considerados emblemáticos, propios de la región, algunos por influencia de la extensión de la provincia de Buenos Aires (el estilo, la milonga, la huella, el triunfo), otros por influencia cuyana (cuecas), o la influencia de lo nacional, con su exponente por excelencia, la zamba.
“Y yo creo que si la milonga, o el estilo no se hubieran inventado, las hubiéramos inventado nosotros. Son las formas musicales más adecuadas para decir lo que tiene para decir el pampeano”. (Carlos Urquiza. Músico guitarrista, arreglador)
Por un lado, el repertorio propio de la región, y por otro, los textos de las canciones producidos por poetas de diversos lugares de la provincia, quienes describen paisajes, personajes, problemáticas; que pueden relatar en sus versos las diversas realidades y confluyen, casi por casualidad, en Santa Rosa, convirtiendo esta poesía y esta música producida en el contexto de la ciudad, en una especie de “movimiento” provincial o regional:
“Nosotros cantamos canciones que no hablan solamente de Santa Rosa, sino de cualquier lugar de La Pampa. (…)No se si es importante saber si es de Santa Rosa, de otro lugar, o de la región. Es de acá. Hay hechos o historias de acá. Somos La Pampa”. (Cacho Arenas, músico, intérprete)
Existen otras posturas, no del todo aceptada del todo por quienes adhieren ideológicamente al cancionero, como la señalada a continuación por Federico Camiletti (Músico, arreglador y técnico de grabación), donde se amplía lo que se considera pampeano, marcando una diferencia con la música regional:
“Lo pampeano es todo lo que se haga acá en La Pampa (…) Por eso… la cuestión es qué es el repertorio pampeano. Hay muchos músicos que hacen fusión de un montón de cosas, pero no necesariamente música regional. La música de La Pampa es la que se produce en La Pampa”.
Es posible escuchar también composiciones que no encuentran correlato en las formas musicales antes mencionadas. Joropos, chacareras, tangos, chamamés o “canciones” transitan las producciones de reconocidos músicos o intérpretes locales los cuales no pierden el estatuto de “cultores” de lo local por incursionar en ritmos considerados “ajenos” e incorporarlos a sus producciones discográficas. Como si una vez delimitada la música representativa, los climas que deben generar las canciones, la temática que debe tratarse, se puede empezar a incursionar en otros ritmos, sin ser acusado por ello.

Pautas literarias: comarca de guitarras y poetas nochernícolas

Algunas de las formas musicales que se le atribuyen al cancionero provienen de músicas originalmente pensadas para la danza, pero básicamente, el “folklore” pampeano se construye principalmente desde la “canción”, es decir música acompañada por un texto. En este sentido una buena cantidad de las composiciones son resultado de la musicalización de textos poéticos, que frecuentemente provienen de escritores reconocidos -como los ya mencionados Morisoli, Bustriazo Ortiz, y a los que se pueden agregar Nervi, Villegas, Julio Domínguez “el Bardino”-, quienes en muchos casos trabajan en relación estrecha con el compositor.
La intención de esta producción musical, en tanto canciones pensadas para ser escuchadas” para la cabeza y no para los pies”, corresponde a las características con que se define al hombre pampeano: tranquilo, que se toma su tiempo para actuar, pensar, hablar, en conexión con el paisaje, el campo o el monte que abraza los centros urbanos. La música “realza lo que dijo el poeta, lo eleva, digamos, en la música” (Lalo Molina, músico, compositor)
Los cuidados en la composición musical basada en un texto poético artísticamente valorable, son extremados para transformar a los dos elementos de la canción en una unidad indivisible: la melodía respeta la acentuación prosódica de las palabras, las frases musicales son consecuentes con la estructura de los versos. La forma, el ritmo, los diseños melódicos y los planteos armónicos están supeditados a las necesidades expresivas del contenido o las imágenes provenientes de la poesía.
Desde la mirada del escritor, el encuentro entre texto y música es percibido como una vía que otorga mayor trascendencia a la poesía, la posibilidad de recorrer nuevos caminos:
“cuando la palabra se encuentra con la música se produce un salto cualitativo en múltiples aspectos. El más simple el de la difusión. En alas de la música la poesía tiene una difusión infinitamente mayor que a través del libro. Por otro lado se da un enriquecimiento del contenido del poema, un adensamiento del contenido. Muchas veces una melodía expresa de tal manera la esencia de un poema que permite una relectura del poema gracias a esa melodía que ha pescado la médula espiritual del poema ( E. Morisoli, poeta)


De este modo se establece una dinámica de apropiación de elementos donde la música hace suyo el poema en cuanto a su forma, sonoridad, ritmo; al tiempo que las palabras salen fortalecidas al encontrarse mediadas por la música.

Huellas y milongas:

“Y la huella… ¿Por qué la huella?
Porque antes no había camino,
y al pasar por cierta parte la carreta hizo un camino.
¡A la huella, a la huella! Se le decía a los animales…”
( Paulino Ortellado)

Se pueden resumir los rasgos estilísticos que definen la música pampeana como melodías sencillas puestas en primer plano, armonías funcionales, respeto de la acentuación prosódica de las palabras. Tempos moderados. Una, dos o más guitarras como acompañante fundamental de la o las voces, con incorporaciones tímbricas para agregar variantes que produzcan resultados sonoros más atractivos. Ejecución sobria, sin exhuberancias, canto limpio, claro.
Como ilustración sonora los invito a escuchar un fragmento de “Alabanza del agua” , huella o “aire de huella”. Lalo Molina es el autor de la música y Edgar Morisoli de la letra, pero según lo referido por los autores, esta canción recorrió el camino inverso que la mayoría de las composiciones. Primero se compuso la música, a la que Morisoli luego le agregó el texto. La temática del agua es muy frecuente en las canciones pampeanas, pero esta vez no fue el compositor quien eligió las palabras, sino que la música fue la que “inspiró” por decirlo de alguna manera, al poeta.

Carlos Urquiza afirma que “La huella es muy muy de la pampa, en esa cosa muy lisa en la forma de decir”. Una audición no demasiado detallada de algunos discos “pampeanos” evidencian cierta afición hacia esta forma en particular. De las huellas tradicionales, danzables, se mantiene la base rítmica del acompañamiento, la fluctuación entre los compases de ¾ y 6/8. No siempre se respetan las coplas de seguidilla (5-7-5-7), ni los cinco períodos musicales indispensables para la danza, ni la vuelta que anima “a la huella, a la huella”, y hasta se pueden escuchar “aires” de huella, aunque se las denomine canción.

Carlos Urquiza reafirma: “la milonga, la huella son ritmos que se prestan perfectamente para expresar esta peculiaridad del hombre pampeano”.

Dentro de las milongas son diferenciables la “corralera” y la “surera” ambas en compás de 2/4. Las corraleras en modo mayor, más ágiles, cuya base rítmica característica agrupa corchea con puntillo semicorchea ligada a una corchea más la última corchea que completa el compás.
Las sureras en modo menor, más “cadenciosas”, arpegian las cuerdas de la guitarra acentuando e imprimiendo velocidad según la habilidad o gusto de cada ejecutante.
La libertad formal y en el estilo de ejecución que permiten la milonga, la colocan en un plano preferencial entre muchos de los compositores e intérpretes del género. En palabras de Roberto Yacomuzzi:
“La milonga representa algo así como la expresión universal que encierra todas las posibilidades de expresión, todas las cadencias, tonalidades, medidas de versos”

Reflexión final:

Lo expuesto aquí es el resultado del análisis del trabajo con músicos, poetas, intérpretes, arregladores, difusores del “folklore pampeano”. A lo largo del trabajo de campo, se ha observado que hay ciertas frases, muy cargadas de juicios de valor, que se repiten como si existiera un acuerdo tácito en las respuestas, en los conceptos vertidos, hasta en la elección de las palabras a utilizar. Esto permite reflexionar sobre el carácter construido de las ideas que circulan en torno a la música, al reconocer ciertas particularidades asignadas al hombre pampeano a través de las representaciones sonoras.
Las fronteras de lo que puede denominarse o no música folklórica pampeana se elaboran en torno a ello. Dentro de la difícil tarea de establecer límites me arriesgo a enumerar algunas características: el privilegiar la musicalización de textos poéticos pampeanos o canciones que aborden temáticas afines; la referencia a determinados compositores, intérpretes o formaciones musicales relacionadas con este repertorio; desde el plano estilístico, el carácter de esta música, la sonoridad intimista que pregona, el acompañamiento de la voz por parte de la guitarra.
De esta manera, y retomando la idea de género que planteábamos en un comienzo como un sistema de referencia que sufre una redimensión constante en la práctica, se podría hablar de folklore pampeano cuando las composiciones musicales guarden relación con alguno de los aspectos referidos. Las composiciones pueden reflejar los sonidos que el compositor escogió para expresarse, sin tener que limitarse a los “ritmos”emblemáticos, aunque no todas las fronteras pueden ser transgredidas. Algún tipo de anclaje hacia lo local debe mantenerse como estrategia de afirmación de la particularidad musical.

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