XXII Encuentro
de las Letras Pampeanas
Material de base Nº3
Ponencia al VI Congreso de la Rama Latinoamericana
de la Asociación Internacional para el Estudio
de la Música Popular, IASPM-LA “Música
popular, exclusión/inclusión social y subjetividad
en América Latina” Buenos Aires, 23 a 27
de agosto de 2005. El “folklore
pampeano”: mediatizaciones, usos y referentes
de una tradición musical en el contexto urbano
Lic. Ana María Romaniuk
A través de esta ponencia se propone realizar
una aproximación al denominado “folklore
pampeano” o “cancionero pampeano contemporáneo”,
desde una perspectiva que busca desentrañar el
carácter construido e ideológico de esta
práctica musical.
Este cancionero contempla composiciones musicales que
recrean elementos provenientes de expresiones rurales,
de orden tradicional, como estilos, zambas, cuecas,
milongas, huellas, triunfos y “canciones”,
cuya temática y estilo remiten a una herencia
cultural compartida. Las agrupaciones dedicadas a esta
música están conformadas por un número
variable de voces y guitarras, a las cuales en ocasiones
se agregan, como aditamento tímbrico, la percusión,
el teclado u otros instrumentos. Voz y guitarra son
los elementos indispensables para el objetivo fundamental
de esta manifestación: la transmisión
del texto –de escritores pampeanos- con claridad.
Las temáticas abordadas se relacionan con la
geografía pampeana y su clima inhóspito
(vientos, sequías, inundaciones), y el hombre
inserto en este contexto. Se relatan experiencias vividas,
biografías de personajes, costumbres, y con bastante
frecuencia se hace referencia a los antiguos habitantes
de esas tierras, los ranqueles.
Como objetivo final se pretende aportar a la interpretación
de la recreación urbana de estas músicas
“regionales” y a la comprensión de
las construcciones de sentido elaborados en torno al
repertorio mencionado, a partir del testimonio de algunos
de sus actores y de sus producciones musicales. Así
como también, realizar una aproximación
a los usos de este repertorio, sus mediatizaciones y
grados de inserción en el mercado musical, a
partir del análisis de ciertas contradicciones
que se observan entre la jerarquización y valorización
de sus prácticas musicales como “representativas
de la provincia” -desde el discurso de sus creadores-,
y la poco desarrollada cadena de circulación
y recepción de la misma.
Introducción
Las siguientes páginas intentarán brindar
una aproximación a la denominada “música
pampeana” a través de algunas reflexiones
suscitadas a partir del testimonio de algunos de sus
protagonistas (compositores, poetas e intérpretes)
y sus producciones, recogidos entre enero y julio de
2005 en la ciudad de Santa Rosa, desde una perspectiva
que contemple el punto de vista expresado por los actores,
aunque inevitablemente mediada por mi interpretación.
Muchos de estos actores formaron parte activa en diferentes
etapas de la consolidación de este repertorio,
en un proceso de búsqueda de una música
con identidad propia, la de los pampeanos, a través
de la resignificación de la música regional
en un contexto urbano.
La propuesta apunta a reflexionar sobre los modos en
que se ha ido construyendo este cancionero considerando
las ideas que circulan en torno a él: autenticidad,
calidad, lo propio y lo ajeno, etc. Por otro lado se
tomará en cuenta el funcionamiento de la estructura
de producción y circulación dentro del
contexto local, a partir del análisis de ciertas
contradicciones que se observan entre la jerarquización
y valorización de sus prácticas musicales
como “representativas de la provincia” -desde
el discurso de sus creadores-, y la escasa inserción
en el mercado musical.
Caracterización del repertorio
Autores e intérpretes hacen referencia a este
repertorio a través de expresiones tales como
“folklore musical”, “lo pampeano”,
“folklore regional”, “lo local”,
“canciones o cancionero pampeano”, “cancionero
regional”, “música pampeana”,
“nuestros ritmos”, “los ritmos de
la región”. Cabe observar que en estas
denominaciones se alude tanto al aspecto musical (canciones,
folklore, música, ritmo) como a la demarcación
de lo local (regional, pampeano, nuestro). En principio
esto está indicando la importancia que tiene
el destacar que se trata de una práctica musical
anclada en lo local, delimitando desde una determinada
práctica cultural, una expresión musical
propia, que instaura un universo de significaciones
que remite a ciertos rasgos de la identidad.
En líneas generales a la hora de definir cuáles
son las especies que integran este cancionero, se enumeran
estilos, zambas, cuecas, milongas, huellas, triunfos.
A la vez se pone énfasis en cuestiones consideradas
pertinentes, como las cuecas de carácter cuyano
que representan el estilo del oeste; la diferenciación
entre milonga campera, corralera y la sureña;
la milonga como canción representativa de La
Pampa y no el estilo o el gato; o la aclaración
de que la zamba nos pertenece a todos.
Desde una de las denominaciones que mencionáramos,
la de “ritmo”, se desprende una de las características
de este repertorio. Si bien las formas poético-musicales
en la actualidad no siempre respetan las estructuras
pre-existentes, que remiten a la danza o a la estructura
poética, la base rítmica que provee el
acompañamiento instrumental sí está
presente y es el elemento que permite identificar y
diferenciar, por ejemplo, una huella de un triunfo o
un estilo. Cuando no es posible determinar rítmicamente
de qué especie musical se trata, o cuando la
intención del autor no es circunscribirse a una
forma determinada, la composición es denominada
canción.
En un proceso de resignificación de lo regional
en un contexto urbano, hay otras características
que permanecen, como la combinación de la voz
acompañada por la guitarra. El canto puede ser
solista, en dúo o en una combinación mayor
de voces, tomando siempre el recaudo de que el trabajo
vocal permita que los textos se perciban con claridad.
El papel de las guitarras no se limita al mero acompañamiento.
Los arreglos son cuidadosamente trabajados y puede dedicarse
una sección como introducción o interludio,
para que el o los ejecutantes puedan hacer lucir su
virtuosismo. El hecho de ser un buen instrumentista,
de formación académica o intuitiva, es
un aspecto frecuentemente mencionado, sobre todo en
la diferenciación expresada entre guitarrero
y guitarrista. A esta dupla fundamental voz/guitarra
se le suelen agregar detalles percusivos o la presencia
de otros instrumentos de la más variada procedencia,
que puede incluir desde sintetizador electrónico
a un piano tradicional, violín, flauta o acordeón.
Esta búsqueda del enriquecimiento tímbrico
surge de la necesidad de agregar variantes que produzcan
resultados sonoros más atractivos.
La búsqueda de una música propia
Durante la década de 1960 se produce en la Argentina
cierto auge del repertorio de la zona centro/norte del
país, denominado “boom del folklore”.
Ésto alude a la difusión masiva de lo
que se denomina popularmente “música folklórica”
o “música de proyección”.
Este fenómeno se expandió a nivel nacional
y produjo una suerte de movimiento tradicionalista,
al cual La Pampa, o específicamente la ciudad
de Santa Rosa, no quedó ajeno. Este movimiento,
como afirma Ercilia Moreno Chá “promovió
la adopción de un estereotipo sonoro y visual:
el de los Chalchaleros. Su conformación de tres
guitarras, un bombo y cuatro voces se constituyó
en la representación de lo argentino en materia
musical” (1988:115). Como ilustra el testimonio
de Paulino Ortellado, reconocido guitarrista:
“Yo integré un grupo tocando la guitarra,
pero tocábamos todo lo de Los Fronterizos, muy
bien hecho, pero de Los Fronterizos. Por eso me fui,
porque no me gustan las imitaciones”.
Quizás como reacción a este movimiento
“nacional” que representaba poco de la pampeanidad,
en el intercambio de ideas entre poetas y músicos
santarroseños o del interior, pero residentes
en la capital, se fortalece la necesidad de consolidar
un repertorio que se instaure como propio, y que al
mismo tiempo trascienda, que sea conocido por todos
los pampeanos. Se crea entonces el contexto propicio
para la gestación de un movimiento cultural regional
que con el tiempo se convertirá en el lugar de
reconocimiento de lo local.
Si bien hablamos de “folklórico”
como término usualmente utilizado para nominar
este tipo de repertorio, este cancionero no tiene un
origen popular, sino que es el resultado de la voluntad
explícita de un grupo acotado de intelectuales
en la búsqueda de la concreción y difusión
de un material producido en el lugar, la búsqueda
de un producto propio para definirse y que operara como
diferenciador. Una alternativa al modelo que llegaba
desde afuera, sustentado en la calidad y en la profundidad
de los mensajes.
“Lo hacemos para que la gente lo conozca, sobre
todo si la poesía tiene mensaje, contenido como
los que tenía en ese momento y leíamos
nosotros, y nos interesaba cantar canciones que transmitieran
cosas, que dijeran algo, frente, además, a una
música banal como en todo los tiempos la hubo,
que veíamos que si le dejábamos el espacio
lo ocupaban (...). En aquél entonces había
referentes nacionales que cantaban canciones... con
poco contenido que a nosotros no nos interesaba ni nos
gustaba, y nosotros queríamos que los que miraban
a esa gente como ejemplo, acá, en lo local, empezaran
a ver lo nuestro” (Cacho Arenas).
Y la diferenciación se logra a partir de la comunión
entre poesía y música que describen un
paisaje y una realidad poco conocida, la del oeste pampeano.
Hacia el sudoeste de la provincia, la aridez del suelo
se va acentuando, los cursos de agua se convierten en
temporarios, las precipitaciones son escasas, la vegetación
se convierte en xerófila y achaparrada. Aparece
en escena, entonces, el retrato de una realidad ajena
para la mayoría de los pampeanos, pero que era
necesario asumir como propia.
De esta manera lo tradicional, rural, folklórico
es transformado en el contexto urbano en un símbolo
de status o de identificación simbólica
que contribuye a la construcción de una memoria
colectiva, recalcando la valoración de lo propio
en relación a lo ajeno. Una vez consolidada,
esta reinterpretación opera como núcleo
simbólico que expresa cierto tipo de convivencia
social que remite a la memoria larga, y se instala como
un referente casi obligatorio al hacer referencia a
la identidad.
Por otro lado, y sobre todo en los últimos años,
la producción musical de este cancionero no se
limita a lo folklórico, de raíz tradicional,
sino que se cultivan otro tipo de manifestaciones, denominadas
genéricamente “canciones”, pero que
siguen siendo consideradas parte del cancionero.
La composición musical puede reflejar los sonidos
que el compositor escogió como propios, sin tener
que limitarse a los “ritmos” ya establecidos.
No obstante hay variables que permanecen y permiten
que estas composiciones puedan seguir considerándose
como parte del repertorio pampeano, basadas en el carácter-“en
el fondo son todas milongas”-, la instrumentación,
y la musicalización de poesías de autores
locales.
Músicos y poetas
Los modos de narrar y construir significados en relación
a lo musical son múltiples, pero músicos,
poetas, intérpretes y difusores de la música
pampeana han optado por una línea claramente
definida a partir de la elección de un estilo
musical considerado propio y del valor que se le otorga
a los textos poéticos. La extendida práctica
de musicalización es un elemento constitutivo
de este repertorio. La música acompaña
y enriquece el texto poético, lo embellece y
produce el efecto de penetrar más hondo al ser
cantado y acompañado por la guitarra, lo que
permite en un punto pensar que la música funciona
como soporte de los mismos.
“No es tan fácil como muchos creen, que
uno un día se levanta inspirado por las musas
y todo le sale muy lindo y muy fácil... Porque
lo que he sentido, y siento y espero no dejar de sentir
nunca es un gran compromiso con quien ha escrito la
letra. Y siempre está el temor en que la música
no corresponda, que no esté a la altura del poema,
y podés llegar a estropear, con una mala música,
o un ritmo que no es adecuado, a un hermoso poema”.
(Lalo Molina)
Los textos escogidos para ser musicalizados -o algunos
músicos que escriben los textos de sus canciones-
realizan una evocación al paisaje, el hombre
inserto en su hábitat (rural o urbano). En definitiva,
el hombre y su lugar vivenciado. Se relatan experiencias
vividas, biografías de personajes, costumbres;
se canta al amor y a la libertad.
Circuitos de producción y difusión del
cancionero
En la provincia de La Pampa, una estructura de producción
alejada de grandes sellos y productoras trae aparejada
la auto producción de los materiales por parte
de los artistas, una vez planteada la necesidad de grabar
un disco como la vía efectiva para dar a conocer
el material producido, y para que éste trascienda.
La proliferación de pequeños estudios
de grabación con tecnologías digitales
permite que las grabaciones se realicen en la misma
ciudad, sin la necesidad de tener que trasladarse como
en una época anterior, a Buenos Aires. En muchos
casos los artistas pagan por la hora de grabación.
Las tiradas son pequeñas, sin superar los 500
ejemplares. El trabajo de masterización y de
copiado se realiza aparte. En ocasiones los creadores
son auxiliados por alguna acción concreta de
política cultural que se traduce en algún
subsidio para la grabación, o en la compra de
materiales ya editados.
La vía de comercialización tampoco contempla
un circuito de distribución organizado. La opción
que aparece como más efectiva es la que se realiza
de forma directa y sin intermediarios en el momento
de las presentaciones en vivo. Otro canal utilizado
es el de las disquerías tanto en la capital como
en otros puntos de la provincia, y hasta en disquerías
de Buenos Aires, siempre atendiendo a este carácter
personalizado. El circuito comercial de las disquerías
presenta dos inconvenientes: el arriesgarse a que la
grabación sea pirateada o a que descanse en una
caja sin ser exhibida y puesta a la vista sólo
en el momento en que alguien interesado pregunte por
casualidad por producciones locales. La última
opción es la vía oficial a través
de los stands de “Arte Propio”, localizados
en distintos puntos de la provincia y con sede también
en la Casa de La Pampa en Buenos Aires. Estos puestos
funcionan como bocas de expendio de las producciones
de artistas de diversas áreas (escritores, poetas,
artistas plásticos, músicos etc.) e implementan
un sistema de contrato y comisiones por las ventas con
cada artista.
Las presentaciones en vivo se realizan en fiestas provinciales
o en lugares pequeños con un público reducido.
Actualmente no hay en Santa Rosa lugares específicos
destinados a la circulación de esta música.
Los músicos pueden inscribirse en la Subsecretaría
de Cultura para ser convocados luego a realizar actuaciones
en festivales y fiestas características de la
provincia, como la fiesta del trigo, del sorgo, de la
ganadería, del caballo, de la doma, etc.
De lo antedicho se desprende que el proceso de producción
y circulación de estas músicas se encuentra
mediado por una fuerte iniciativa oficial, que comprende
básicamente subsidios para efectuar grabaciones
y auspicios de las actuaciones en vivo. Por otro lado,
desde la iniciativa privada, la ocasión más
propicia es la presentación de un disco recién
editado.
Esta música pampeana ocasionalmente participa
de los grandes circuitos de circulación de la
música folklórica, el que sería
su ámbito de circulación natural. Presentaciones
en distintas provincias, en el festival de Cosquín,
participaciones aisladas en otros eventos poco difundidos
por su carácter de “culturales” como
el festival de Guitarras del Mundo o el Festival de
Música Vocal organizados por el Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires. Entre algunos casos excepcionales
puede contarse la trascendencia de la “Huella
de ida y vuelta” de Yacomuzzi y Molina, o el disco
del Dúo Sombrarena, que atravesaron las fronteras
provinciales.
Cabe preguntarse entonces el por qué de esta
ausencia. Personalmente no encontré aun una respuesta
satisfactoria, por lo que considero que viene al caso
ilustrar este interrogante con una anécdota:
recorriendo disquerías en el centro de Santa
Rosa, un vendedor de un local pequeño respondió
a mi pedido de música pampeana diciendo que lo
único que tenía para ofrecerme era el
disco de Sombrarena para grabar, agregando que el estilo
de La Pampa es aburrido, que no vende, y por eso los
músicos hacen uno o dos temas, y después
hacen folklore de todo el país.
Por otro lado, una comunicación personal proveniente
de Rubén Evangelista propone una respuesta bastante
radical. Él atribuye esta escasa difusión
a “la presencia o ausencia de intérprete/s
de renombre que divulguen nuestro cancionero. No hay
emergentes propios ni artistas consagrados de otros
lugares que sean portavoces y difusores de las obras
pampeanas para su consagración como obras populares.
Nos falta quien defienda nuestro repertorio”.
Otros factores que son puestos en consideración
son la vida relativamente corta del cancionero, comparándola
con las de provincias que “están cantando
la historia de 400 años”, la escasez de
material grabado, o la falta de apoyo de los medios
locales quienes prefieren difundir músicas más
“festivaleras”.
A modo de conclusión
A lo largo de estas páginas he intentado señalar
algunas articulaciones producidas entre una determinada
expresión musical y la creación de sentidos
que la sustenta ideológicamente. De esta manera
las distintas denominaciones, la relación entre
poetas y músicos, la música, y la estructura
de producción fueron las distintas piezas que
intenté relacionar.
El discurso de músicos, intérpretes y
difusores de este cancionero, construido desde la noción
de autenticidad y de calidad (de los textos, de la música,
de los arreglos, de las interpretaciones) se contrapone
a músicos pampeanos que hacen un folklore más
light, sin contenido, o que recrean músicas provenientes
de otras regiones del país.
La búsqueda de trascendencia y reconocimiento
natural en el proceso de creación no encuentra
eco en los modos en que esta música se difunde.
No se trata de música comercial, creada para
ser difundida masivamente. El éxito comercial
no es el objetivo de la producción, sino que
es considerado un posible corolario. Por otro lado se
afirma que al no estar integrados a un circuito regido
por las leyes del mercado otorga amplia libertad en
el proceso de creación.
Emprendimientos independientes y la ayuda institucional
a través de políticas oficiales son los
motores que sostienen este cancionero, el que aunque
esté escasamente presente en la radio, la televisión,
o los exhibidores de las disquerías, es la música
que se instituye desde el imaginario social como representativa
de La Pampa.
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