Asociación Pampeana de Escritores

 

XXII Encuentro de las Letras Pampeanas

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¿COMO LLEGO A REALICÓ?

Material de base Nº2
                                                            Ricardo Fonseca
                                                      “ANIMAL LINGÜÍSTICO”
                                                        Poemas y canciones
                                                                (Antología)

                      Prólogo de “Los días cantados”. Antología de canciones del Sur


          Elevar la voz hacia el canto, tal vez, tuvo que ver con escuchar a los pájaros. No sólo desde lo imitativo, sino por ea sensación de que cantar es como un volar en las palabras. Y todo vuelo promueve alguna emoción y hasta un cierto sentido de belleza: dos de las aspiraciones posibles, al menos, de un determinado tipo de canción: aquella destinada a ser escuchada atentamente, y compuesta en base a parámetros artísticos con sus propias reglas de juego: poesía (verso), ritmo, melodía, estilo, género, etc. Elementos que le dan un tono, una característica singular. E, inclusive un sabor que tiene que ver con la forma o el cómo los hacedores se apropian o recrean la materia prima (palabras-sonidos) que da sustento a ese híbrido –letra y música- llamada canción. Es decir, cómo se reelaboran los códigos lingüísticos y/o musicales, compartidos socioculturalmente.
          Aquí el varbo componer adquiere una especial relevancia. Pues una canción, técnicamente, se compone dentro de un formato más o menos determinado.Uno de cuyos requisitos es el adecuado manejo del tiempo para desarrollar, en tres o cuatro minutos, el motivo, tema o mensaje propuesto.
          Desde este enfoque se hace necesario diferenciar a la canción popular de la canción vulgar y/o comercial. Esta última se basa en ciertas fórmulas que permiten su producción en serie para ser consumida por una demanda previamente “aleccionada” Es, en otras palabras, la canción-mercancía que responde, antes que nada, a los vaivenes de la oferta y la demanda de los productos de consumo masivo. Aunque lo comercial no está reñido con lo artístico, en general este tipo de canciones -que atraviesa casi todos los géneros- se nutre de la estética de la vulgaridad, de un lenguaje devaluado literaria y musicalmente; plagado de lugares comunes, de clisés, propios de esta mercancía cantada. Además, las modernas técnicas de persuación –el video clip, por ejemplo- han desplazado aún más el componente artístico, poético-musical, de estos productos, impuestos no por sus valores intrínsecos, sino por el soporte que los erige: desde el intérprete (divo-diva) hasta la parafernalia de los efectos especiales y/o escenográficos.
Podría concluirse que la canción mercancía, por ser un producto de rápida consumición, se rige más que por pautas estéticas, por pautas comerciales. Y, en definitiva, hay como una suerte de complicidad implícita entre los emisores y los receptores de estos productos que, de ntrada, apuestan a la sensiblería.
          En la canción popular, en cambio, el letrista es un poeta que domina las formas métricas y rítmicas del verso para ser cantado. Pero también con un suficiente caudal de inventiva que le permite hacer uso poético del habla. Y el músico, alguien hondamente consubstanciado con su oficio. Homero Manzi, Enrique Cadícamo, Manuel J. Castilla, Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, etc. son poetas no sólo porque dominan las reglas de la versificación, sino por su talento para poetizar a partir del lenguaje común, más o menos inseminado, con el universo cultural de estos compositores. En ellos se hace patente una cierta responsabilidad estética y aun ideológica con el género. Pues no se valen de fórmulas, de recetas, sino de posibilidades formales que el mismo género ofrece para su constante revitalización.
          Claro está que este tipo de consideraciones nunca agotarán el vasto campo de la canción popular. Campo felizmente minado por lo insólito, lo mágico, lo fantástico, donde también el autor es una mera ficción. Pues, en todo caso -o en el mejor de los casos-, tratándose de este tipo de canción, siempre se es co-autor. Duendes – inspiración-, autores anónimos y primarios que amasan el lenguaje de la comunidad, las mismas virtudes de la lengua como sistema conforman un polifonía de la cual surge la canción popular corporizada en la figura del intérprete y desplegada en la sensibilidad de los receptores que, en última instancia, son los que le dan al canto de un pueblo.

                                                                                                      (“Animal lingüístico”.
                                                                                                      Nuevohacer. Grupo
                                                                                                      Editor Latinoamericano.
                                                                                                      2003, Buenos Aires.)