Asociación Pampeana de Escritores

 

XXII Encuentro de las Letras Pampeanas

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Material de base Nº 1


                                                           POESIA Y CANCIONERO

Las bodas del Verso y la Música vienen desde muy antiguo, desde la remota alborada de la humanidad. Podríamos decir que se trata de un caso único, en que la hija precedió a los padres en el tiempo. Pues la Canción, que hoy reputamos por hija de esas bodas, fue en realidad madre de ambos, y por lo tanto anterior a ellos. En todos los pueblos originarios del mundo, no se concibió inicialmente al poema sin el sustento de una melodía, a veces un ritmo de percusión, una salmodia, pero siempre una trama musical sobre la cual el verso construía su urdimbre.
Para las culturas ágrafas, poema y canción fueron uno, como lo testimonian, por ejemplo, los materiales reunidos en el libro: “PAMPAS DEL SUD. RECOPILACIÓN DE TEXTOS QUE HACEN A LAS RAICES AUTOCTONAS DE LA PAMPA” (Asociación Pampeana de Escritores. Subsecretaría de Cultura, Santa Rosa, 1997), cuya reedición se ha anunciado.
Rastros de esa unidad primigenia quedan no sólo en la versificación (métricas, cesuras, acentuaciones y sobre todo el llamado “ritmo interior”, presente aun en el verso libre), sino que reviven y se patentizan al escuchar a ciertos poetas leer sus textos, como podría ejemplificarse con una extensa nómina que incluye desde Dylan Thomas hasta Armando Tejada Gómez o Hamlet Lima Quintana, y entre nosotros a Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Guillermo Herzel, Teresa Pérez, Armando Lagarejo y muchos más.
Poesía y Cancionero son hoy dos corrientes hermanas que se nutren mutuamente en la creación, y esto es válido en La Pampa como en el resto del país y de América, simplemente porque se trata de una realidad universal, inherente a la manifestación artística del ser humano en cualquier latitud y rincón del planeta, y en cualquier lengua en que se exprese.
Pero sin duda esta confluencia de poetas y de músicos, que en muchos casos son una sola y misma persona (como ocurre en La Pampa con Julio Domínguez “El Bardino”, Alfredo Gesualdi, Roberto Yacomuzzi y otros), tiene en cada comarca sus rasgos diferenciales, su propia historia, su crónica de generaciones, movimientos y géneros musicales, sus referentes y sus horizontes de difusión que los singularizan y distinguen, aunque en el conjunto regional o nacional (y a veces trascendiendo lo nacional), compartan determinados aspectos.
En numerosas provincias, entre ellas la nuestra, musicólogos, escritores, estudiosos de la literatura, maestros del documental antropológico y otros investigadores de las ciencias del hombre han recopilado (y continúan haciéndolo), este valioso patrimonio intangible –honra y prez de la identidad cultural de los pueblos-, cuya significación se acrecienta frente a las acechanzas de planes mundiales y continentales de dominación. En esa senda de rescate y valoración La Pampa puede exhibir logros importantes, de la mano de Ercilia Moreno Cha, Jorge Prelorán, Rubén Evangelista (que junto a Pinky Pumilla compilara el “Cancionero de los Ríos”, que lleva dos ediciones y ya reclama una tercera), así como la incorporación de nuevos investigadores atraídos por nuestro acervo y por la particular relación entre músicos y poetas que reina entre nosotros. Libros, cancioneros, ediciones discográficas y filmaciones reúnen los poemas, las partituras y las canciones grabadas producto de tan vasta labor.
Hemos hablado de acechanzas. Ellas son de diversa naturaleza y provienen de sectores poderosos, que disponen de múltiples medios para intentar imponer sus objetivos (recursos económicos, comunicacionales, comerciales, etc.), siempre bajo el falaz y ya oxidado paraguas de la “Globalización”. Sobre tales peligros la Asociación Pampeana de Escritores se viene pronunciando a lo largo de sus “Encuentros de las Letras”, durante ya veintidós convocatorias, a través de documentos y declaraciones.
Pero: ¿cómo se articula hoy la confluencia creativa de Poesía y Cancionero? ¿Cuáles son sus diversas modalidades, sus marcos referenciales? ¿Cuáles son los géneros poéticos y musicales que intervienen, desde los tradicionales hasta los más nuevos? En lo musical, ritmos y formas –y con ellos sus instrumentos-, que enriquecen el panorama actual con aportes tan variados como los que proceden de los pueblos originarios de América, de la cultura criolla, del tango, de las corrientes inmigratorias, del blues o del rock.
En lo poético: ¿cómo es el trabajo en común entre el escritor y el músico? ¿El texto precede siempre a la musicalización, o también se da la inversa? ¿Cómo son los ajustes progresivos hasta lograr la canción? ¿Intervienen sólo los poemas de formas métricas canónicas, o también el poema en verso libre? En La Pampa se han producido varias obras de gran aliento, de las mal llamadas “integrales”, es decir cantatas, que constituyen desafíos mayores para los creadores, pues incorporan coros, recitativos individuales y/o colectivos, solistas y orquestas. Todo ello ofrece un material riquísimo para el conocimiento, el análisis, la reflexión y el intercambio de experiencias que seguramente concitará el próximo “XXII Encuentro de las Letras Pampeanas”, ya que como escritores ese tránsito del poema a la canción no sólo nos interesa, sino que nos apasiona.
La Poesía y la Canción, como la vida de la cual emanan y a la cual celebran, buscan siempre su curso sucesivo, superando todos los obstáculos y dificultades que se le pretenden imponer para evitarlo. Entre tales obstáculos, si en otras épocas oscuras se encontró la censura, hoy subsiste la seducción del Mercado, aviesa trampa que los genuinos creadores saben reconocer de lejos y desdeñar, pues tiende a convertirlos en cómplices. Sobre esto, como así sobre los criterios que deslindan la canción popular de la canción vulgar y/o comercial, vale la pena remitirse a lo escrito por el poeta neuquino Ricardo Fonseca, en el prólogo a su obra “Animal lingüístico (Poemas y Canciones)”, que integrará los materiales de base para el Encuentro. También deben tenerse en cuenta las palabras de María Elena Walsh, que si bien aluden sobre todo a los materiales poético-musicales dedicados a los niños, pueden considerarse válidas con mayor amplitud: “Una de las actuales nodrizas del niño es la televisión, y de ella absorbe las más precarias formas de versificación, música y atropello de la sintaxis. Una seudopoesía destinada no a despertar sus sentimientos y su imaginación, sino a moldearlo como consumidor ciego de un orden social que hace y hará todo lo posible por estupidizarlo.”
Pero los pueblos de América están protagonizando un nuevo despertar, que concita la esperanza y la participación activa de todos los trabajadores de la cultura, entre ellos músicos, escritores e intérpretes, así como la creciente aprensión y recelo por parte de los sectores dominantes, que ante ese despertar ven peligrar sus privilegios de siglos. Se trata de un proceso histórico de reivindicación y renovación que avanza, aunque tenga que vencer todavía muchas y grandes resistencias, tal como dice Jaime Dávalos en su poema “Suramérica”.
“Nadie la para ya, no pueden detenerla
ni la calumnia, ni el boicot, ni nada.
Este es un continente de aventura
que a los aventureros se los traga.”

En ese despertar y renacer “desde el pie” que cantó Alfredo Zitarrosa, la Poesía y la Canción tienen su sitio. La Poesía, a través de la Canción, alcanza un horizonte de difusión y de “llegada “ mucho más amplio que el del libro, sin mengua del carácter fundamental, insustituible, de este último. Todos los registros del espíritu encuentran cauce en la Canción, esa conjunción única de poema y música. Desde el lirismo a la denuncia, el amor, la nostalgia, la rebeldía, .la ternura, el dolor, la esperanza y los sueños, manteniendo en alto una calidad que no transa ni con el panfleto ni con el “negocio”. Asumir un horizonte espiritual de tal amplitud, en estos momentos, implica, a no dudarlo (y siguiendo a Ricardo Fonseca)”… una responsabilidad estética y aun ideológica con el género”, es decir, se trata de una creación responsable, de la auténtica creación artística, nacida de una intimidad –la de cada creador- y de una projimidad: la de su pueblo.